Los días más duros

Siempre tenemos días buenos y días malos, creía que los malos existían para apreciar los buenos, hasta que me tocaron muchos días malos.

Para nuestra familia las citas con doctores se volvieron parte de nuestra normalidad, desde que supimos que estábamos esperando nuevo bebé. En el embarazo viajábamos a San José cada 15 días, gracias a Dios siempre acompañada de mami, mi suegra o Roberto ellos son mis compañeros oficiales. Luego cuando volvimos con Manuel la cosa no cambió, los primeros meses seguimos viendo al doctor cada semana, luego cada 15 días y ahora más de un año después los vemos una vez al mes (algunas veces cada 2 meses) esto porque son diferentes especialistas. En fin, el punto es que siempre es lo mismo para mi, y esto es algo que solo me pasa a mi, Roberto lo vive totalmente diferente (siempre ve lo positivo) y gracias a eso me ayuda a pasar cada día.

El día antes de la cita empiezan mis nervios y estrés, (sin importar de qué es la cita) el viaje al hospital me da tiempo de pensar lo mejor o lo peor que podría pasar, voy como las viejitas echándome todo el rosario. Cuando llegamos trato de estar concentrada y entender todo lo que nos explican, pero al salir siempre termino llorando. Intento contenerme y controlar mis emociones, pero cuando el resultado no es el esperado es muy difícil, algunas veces no sé ni porque lloro, pero lo hago.

Son los días más duros que tengo en mi vida, los días de cita. Es una mezcla de emociones que no sé cómo manejar y es que nunca nos enseñan a hacerlo, este es mi peor día. Para otra persona puede ser una entrevista, una conversación con otra persona en fin cada quien sabe que es lo que no puede dominar y como no sabemos ni que es lo que estamos sintiendo poder llevarlo es muy difícil. Pasamos por esos días sin rumbo como pelotas que pegan en todo lado.

Para mi esto no se acaba, toda la vida tendré que lidiar con citas médicas, podría vivir en negación y simplemente no enfrentar la situación, pero eso no es lo que quiero. Yo quiero identificar mis emociones para poder lidiar con ellas, aceptarlas, vivirlas y abrazarlas porque estas son mías, son las que me hacen ser como soy, las que me definen como persona.

Después de pasar por varias consultas con el psicólogo entendí que no estaba mal, ese remolino de emociones que estaba sintiendo, yo siempre me he juzgado muy duro y me castigada a misma por no entenderme, ver eso en mi fue el primer paso. Me di permiso de sentir, sentirlas sin remordimiento, sin preocupaciones ni miedos, porque hasta que no viviera cada una de ellas estas seguirían persiguiendo y así logré un poquito de paz.

Ahora los días de cita siguen siendo días malos y sigo en ese remolino de emociones, pero ya no me castigo por no entenderlo. Trato de identificar que es lo que pasa para poder solucionar o simplemente me doy el permiso de sentir las emociones. Ya entendí que tener miedo no me hace menos valiente y que necesitar ayuda no me hace menos fuerte estas cosas simplemente me hacen ser humana.