Una nueva manera de aprender

Llegamos a la casa con Manuel de 4 meses, todavía estaba muy perdida, en medio de la depresión y sin saber mucho al respecto. No sabía qué cosas tenía que hacer, pero de lo que estaba segura era de que teníamos que empezar a trabajar. El primer paso era inscribirlo en la Escuela, nos recibió la niña Liz, en medio de bebés y mamás, salió un momento para atendernos y la sensación era como el primer día de la U. Cuando uno creía que era “grande” y podía hacer todo por sí solo, pero te encontrás en una situación que en realidad no sabes ni por dónde empezar.

Ese primer encuentro me marcó. Lo primero que dijo la niña Liz fue: ¿Quería yo para el futuro?, y pensé como para mí, no entendía. Desde que nos dieron el diagnóstico de Manuel no volví a pensar en mí (por mucho tiempo) y mucho menos en mi futuro; me imaginé que mi futuro se reduciría a ser la mamá de este niño y que no iba a poder tener más mí tiempo. Mientras conversaba con la niña Liz, me quedé en blanco y no pude decir mucho, pero entendí que no tenía que ser solo la mamá de Manuel; sino que podía volver a pensar en mí y podía volver a pensar en mi futuro además de ser mamá. Pero para eso primero tenía que lograr que Manuel fuera independiente, como cualquier otra persona.

 Así fue mi primer día en la Escuela de Educación Especial Adelita Muñoz en Liberia, la enseñanza fue para mí. Así empezamos este camino. El primer año íbamos 2 veces por semana; miércoles a terapia física y los jueves a estimulación temprana donde me encontré con otras mamás que estaban llevando su propio proceso. Niños con diferentes diagnósticos y algunos con uno incierto porque ni los médicos podían explicar que era. Me sentí acompañada, por primera vez en meses sentí que ellas sabían lo que yo estaba sintiendo, me sentí segura.

Poder expresarme si sentirme juzgada, sin justificar a cada minuto que es el Síndrome de Down y como nos enteramos o porque nos pasó; me sentí en casa. Empezamos a trabajar en el mejor lugar que pudimos encontrar. Todos los días hacemos cosas diferentes el trabajo es completo, se trabaja el desarrollo cognitivo, sensorial y de lenguaje, pero sobre todo se trabaja a las mamás. Nos enseñan que tenemos que hacer día a día para obtener los mejores resultados en nuestros hijos, nos explican que esto no es algo de unos minutos a la semana es de todos los días y de toda la familia. Nosotras junto con la familia somos responsables del futuro de nuestros hijos y en el caso de alguna condición especial somos responsables de la calidad de futuro de nuestros hijos. Este año vamos a 3 clases, 2 días a la semana a clases de estimulación temprana con la Niña Liz y la Niña Naty y una sesión individual de terapia física con la Niña Gaby. Las clases y lo que hacemos cada día ha ido cambiando según el desarrollo y las capacidades de Manuel y así es con todos los niños.

La Escuela de Enseñanza Especial no es un lugar feo o para brutos como hemos escuchado entre bromas, ni es un lugar donde nuestros hijos están condenados a asistir para siempre. Es la preparación, el empujón que nuestros niños ocupan para iniciar a los 4 o 5 años un proceso de inclusión en la escuela regular. Estoy agradecida con Dios por la escuela, por las Niñas y por las madres de los compañeros de Manuel. Todos los días aprendemos ejercicios para el desarrollo de nuestros hijos y para el nuestro también. No puedo dejar este artículo sin mencionar que la Escuela de Educación Especial Adelita Muñoz como muchas otras en el país es una escuela pública del MEP lo que quiere decir que no tiene ningún costo para los padres, incluso si las familias lo requieren se entregan becas porque los niños realmente lo necesitan. Esto es una inversión para que el futuro, nuestro niño puedan ser independientes y lograr ser parte de la sociedad.